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Casos de Mal Diagnóstico Resueltos

Atención 100% online · México, América Latina, España y comunidad hispana en EE.UU. · Q.F.B. Zulema García Loyola

Testimonio en video — Caso resuelto

La persona cuenta en sus palabras cómo se resolvió su caso.

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Pasé meses sintiendo que cargaba un costal de piedras sobre los hombros todos los días. Me despertaba más cansada de lo que me iba a dormir y, por más café que tomara, no lograba arrancar bien mi día. Lo peor es que empecé a ver cambios que me daban mucho miedo: mis uñas se volvían como papel, se me rompían con solo rozarlas, y cada vez que me bañaba, veía mechones de cabello en la coladera. Hasta me quería poner a llorar de no saber qué me estaba pasando. Me sentía en un bajón constante, como si mi cuerpo estuviera en cámara lenta y no pudiera hacer nada para mejorarme. Intenté cambiar mis horarios, dormir más y hasta tomar vitaminas de esas que venden en el súper, pero nada funcionaba. Esa sensación de sentirme que me estoy enfermando y no sé de qué y de no tener ni una pizca de energía para seguir con mi vida normal me frustraba muchísimo, hasta llegué a pensar que ya no tenía solución porque ya no tenía energía ni para querer salir con mis amigas a tomar un café.

Cuando llegué a Orientación en Salud, sentí un alivio enorme porque por fin alguien se tomó el tiempo de ver mis estudios de laboratorio con lupa. No se fueron por la salida fácil; revisaron a fondo mis niveles, pero no solo los básicos, sino que hicieron un cruce de variables con los minerales que mi cuerpo necesita para trabajar bien. Me explicaron cómo ciertos minerales se relacionan con la energía y el cansancio, y que mis resultados mostraban un patrón que valía la pena revisar con mi médico. Fue un momento de mucha claridad. No es que yo estuviera exagerando, es que mi cuerpo no tenía la gasolina química que necesitaba para encender el motor. Al analizar mis resultados de esa forma, conectando los minerales con el cansancio y lo que me pasaba, me hizo entender finalmente por qué me sentía tan apagada, sin ganas de nada en la vida.

Llevé todo esto a mi médico y, juntos, armamos un plan para darle a mi cuerpo lo que le faltaba. Aunque no fue de la noche a la mañana, noté que mi confusión física y mental se fue disipando poco a poco. Volví a levantarme por las mañanas sin esa pesadez en el cuerpo y, de repente, me di cuenta de que mi cabello ya no se quedaba en mi mano y mis uñas ya no se rompían. Lo que más agradezco es haber recuperado esas ganas de salir, de moverme y de disfrutar las cosas pequeñas que antes me daban flojera. Siento que volví a tener el control de mis días y, honestamente, me siento mucho más ligera, con una energía que ya daba por perdida. Entender qué necesitaba mi organismo fue la clave para volver a sentirme yo misma.

Testimonio en video — Caso resuelto

La persona cuenta en sus palabras cómo se resolvió su caso.

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Yo me acerqué a orientación en salud porque yo tenía un problema de inflamación. Yo comía pastas, pan, fruta y pues me la vivía inflamada. Entonces acudí a médicos y pues me recetaron antiácidos, pastillas y pues yo seguía igual, seguía inflamada.

Nadie se tomó el tiempo en decirme cómo procesar los alimentos. Ya estaba yo cansada, desesperada, seguía visitando médicos. Sentía yo que pensaban que yo estaba loca porque seguía yo con mi mismo problema y me seguían recetando lo mismo, pues. Yo ya estaba cansada, desesperada, no podía comer nada ya.

En tres semanas de investigación, revisaron por qué me inflamaba. Encontraron una conexión entre lo que comía y cómo me sentía después, y me explicaron por qué eso podía estar pasando. Con esa información acudí a mi médico, él confirmó la causa, me cambió la alimentación y ya me siento mucho mejor. Ya no estoy inflamada.